Hoy es una mañana cualquiera, dentro de esta monótona ciudad de puerto, o podría decir que no es una mañana cualquiera porque dentro del rayo tímido de sol que entró por mi ventana, encontré dos o tres frases que la hicieron diferente o por ahí soy yo la que elijo que no sea una mañana igual a todas las mañanas y en el fondo es el mismo amanecer o el mismo despertar de los días.
Pero bueno, yo esta hablando de los libros y no de las mañanas, es que a veces se me confunden los momentos de los días, de mis días, con los momentos de los libros, porque todos ellos, están, estoy segura en los lamentos, en las puteadas bien logradas, en los atisbos de felicidad o en las penas y las glorias, de aquellos que con una lapicera o una maquina de escribir
quisieron regalarnos, describirnos o contarnos, lo que todos vemos, pero no decimos, lo que todos tocamos pero no sentimos, lo que todos sabemos pero no sabemos que sabemos. Todos vimos alguna vez algún paisaje, pero fueron pocos los que del paisaje pudieron decir algo, fueron pocos los que pudieron definirlo tan hermosamente como algún poeta triste o desquiciado, Julio dice " Hasta el día en que pude mandarme a mudar, subirme al tren, mirar por la ventanilla cómo todo se iba atrás, se hacía pedazos, no si has visto como el paisaje se va rompiendo cuando lo miras alejarse".
Los poetas que de normales no tienen ni sus huellas, pueden darnos el mundo de otra manera, todos tenemos el mismo mundo, pero en las palabras de quienes alguna vez lo tocaron con el alma, creo yo que se encuentra el mundo que siempre estamos buscando, desprovisto de frialdad, vacío de superficialidad, lleno de magia, de sentido, de sufrimiento, de alegrías, de sexo, de confusión, de caos, de orden, de contradicción....en una palabra, el mundo pasional, ese que queremos sentir.Hoy les hablo de Cortazar, porque anoche mientras la vigilia me abandonaba poco a poco, el me regalaba un poco de su magia, mañana puede venir otro y otro y otro. Lo importante, creo yo es que no nos quedemos sin poetas, sin palabras que sirvan de resguardo cuando las habladurías del mundo en general, nos dejen atontados, acorralados o moribundos.
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