miércoles, 8 de mayo de 2013

Como dijo Charly, bienvenidos al tren...

Si yo quisiera podría vender mi inspiración en versos correctos.
Si yo quisiera y te juro que podría, tiraría mis mejores palabras sobre este papel arrugado, que se asoma por mis bolsillos
Si yo quisiera, sería hoy poeta estética.
Pero siento la incomoda necesidad de desgarrar este papel, para así no rasguñar mis entrañas. Siento el cosquilleo del hartazgo cotidiano, punzante, amargo, totalmente profano. Leo veo ahí, el maldito está esperando por la baldosa que me haga tropezar.  Siento, además el sonido del tren, ese ruido incansable que me tienta, una y otra vez para rajar de esta normalidad de morondanga. De estas calles, de estos autos, de este barrio que se cansa de verme llegar de todas mis añoranzas de despedidas.
Los perros se cansaron de ladrar y dejan abierto ese maldito silencio, que necesito llenar con música barata para no pensar, para no arruinar el vacío con estas palabras ingratas. Esta todo dicho y a la vez todo tan callado, que me desespera tener que poner causas a la falta de todo lo que me falta.
Como el agua del río que se va aburriendo de correr siempre para el mismo lado, yo me estoy cansando. Necesito verme en sudestada.
Estoy apretando mi pecho para no sangrar una vez más. Estoy mordiendo a todas las cosas que no se mueven. Necesito del fuego, para renacer. Vamos sigamos las vías, subamos al tren.


"Me escapé del mundo yéndome al norte"

No hay comentarios:

Publicar un comentario