Como si estuviese posada en la copa de un árbol muy alto, contemplo como me he ido dibujando en las lineas de este tiempo, de mi tiempo.
¿Cuantas veces olvide mis posesiones, por creer que me faltaba tener las cualidades de alguien mas? ¿Cuantas veces creí poder dar menos de lo que en realidad tengo? Lo feo, lo malo y lo bello, no deberían poder definirse por el acuerdo de las multitudes, sino por la extraña subjetividad que nos bendice como únicos entre tantos seres de la misma especie.
Y así en un mar de dudas y de contradicciones me fui formando. Como el agua cuando asume la forma del objeto que la contiene. Es simple entender quien soy. Es simple, solo que depende de los ojos que me estén contemplando.
Disfruto de mis horas, como así también las sufro. Me dejo inundar por la música, hasta hacerla mía. Dejo que otro cuente mi historia, pero con sus palabras y sonidos. Puedo decantar mi tiempo en las lineas escritas por un desconocido, como irme en relatos que han sido leídos por todos, me maravilla sentir, que otro ser humano, en cualquier lugar del mundo, pueda estar contemplando las mismas lineas que contemplo yo a la orilla del río. Puedo irme en paisajes y recuerdos en cualquier momento. Puedo perderme persiguiendo lo extraño. Puedo encontrarme juntando mis pedazos, después de haber reído, después de tocar el éxtasis y descender entonces en caída libre hasta lo oscuro de mi presencia.
Con todo lo que he sido y con todo lo que falta ser, solo pretendo alcanzar mi último respiro conmoviéndome por los instantes que hacen a la felicidad, conmoviéndome por esas cosas ínfimas que nos roban el aliento. Y seguir, así, creciendo en contradicciones, en esas que te hacen sentir cada día más libre de las mentiras que nos creamos, para no sentir, para no ser.



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