sábado, 21 de julio de 2018

En caída

Hay un momento, casi imperceptible, en donde la tristeza cae, como un suspiro silencioso del alma. Instante en donde las nubes que asaltaban el atardecer, se desvanecen. Se rompe la cadena que unía el anhelo con la ausencia de lo querido. Uno vuelve a tocarse las partes heridas del corazón, y aunque impresionen las cicatrices, uno vuelve a hacerse uno, con uno.
Y es ese momento invisible del tiempo, en donde se puede apreciar la angustia, ya no como lo imposible de soportar, sino como lo necesario para transformarse. Para saltar esos ríos de confusiones, y encarar con certeza delirante el reto de vivir pese a todo, sobre todo pese a la soledad de ser uno mismo. 

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