Y ahí estaba yo: huyendo. Corría, corría sin saber porque. Me quedaba sin aliento, había un rostro que me perseguía, y lo quería dejar ahí, afuera de todo. Me alejaba, me iba, convencida que de que todo podía quedar atrás. Y de repente ahí estabas vos, enfrente mio, no atrás como yo pensaba, como yo quería. Ahí estabas vos, representando a todos mis miedos y a todos mis placeres.
Y como quiero ser y que seamos en esta realidad que nos convoca, te digo Adiós, por décima vez, te digo adiós.
Adiós, Adiós, hasta que aprendamos a amar. A amarnos ( y armarnos), en soledad y en la distancia.
Fingí alejarte, fingí alejarme, irme lejos. Y así corriendo, los dos huyendo, nos encontramos. Nos tuvimos miedo y desde el miedo, intentamos amar. Almas sin saber sentir, lastimados, quisimos curarnos, quisimos querernos. Nos dejamos afuera, afuera de nosotros, de lo que en realidad somos.
Y así vamos, manteniendonos en el ideal del inconsciente, creyendo que somos, lo que no somos.Y como quiero ser y que seamos en esta realidad que nos convoca, te digo Adiós, por décima vez, te digo adiós.
Adiós, Adiós, hasta que aprendamos a amar. A amarnos ( y armarnos), en soledad y en la distancia.
Adiós hasta que tus ojos se queden en los míos. Adiós hasta que el silencio nos domine y disfrutemos de su presencia entre nosotros.
Adiós hasta volvernos sabios, hasta que aceptemos, sin juicios, sin castigos, la imagen que nos devuelve el espejo.
Adiós, hasta que tus palabras se vean en tus actos. Hasta que mi duda constante no juegue con tus miedos. Adiós hasta que ya no nos idealicemos, hasta que ya no nos juzguemos. Adiós hasta que nos queramos imperfectos. Adiós hasta que volvamos a reír, a hacer el ridículo, a vivirnos desde lo que no nos vive nadie.
Adios hasta siempre, o por ahora. Hasta entonces, te suelto, me olvido tu nombre, me olvido mi nombre. Me olvido de mi con vos y de vos conmigo. Me libero, para quedarme sola, para dejar de huir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario