De las heridas que traigo conmigo, no he sido cómplice ni victima de ninguna. Solo he sido responsable de cargarlas durante tanto tiempo. Responsable de no aprende a cambiar, a entender, que no todo debería ser lo mismo.
El viento que sopla con fuerza acá arriba, me anima a tomar coraje. A llorar por todo lo que no pude y no me dejaron ser. Por todo lo que se llevaron. Por todo lo que han rasguñado tan dentro de mi.
Me animo a gritar con bronca y a decirle chau a todos y a todo aquello que me ha dejado ciega, ciega de mi.
El cielo se enoja como me enojo yo, por no haberme visto y encontrado, antes, por perder tiempo, por perderme en tiempos ajenos. Por verme como me hicieron los demás y no como me hice yo misma. Por vender mis ojos, en pupilas violentas, que nunca fueron mías.
Los rayos se empeñan en romper aquellos cerros tan altos e imponentes, los cuales a pesar del gran grito del cielo, se mantienen imbatibles. Firmes.
Deberíamos aprender tanto, de todo esto que nos rodea. Dejarnos ser y crecer. Como el viento lo diga y nos deje.
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