martes, 21 de enero de 2014

Sola en un papel.

La música se desplaza suavemente por encima del techo de mi habitación. Acabo de ver pasar cada minuto, como gotas de agua que desaparecen en la inmensidad del mar. Siento como si una gran boca me estuviese respirando, una vez y otra vez, hasta encontrarme sumergida en el medio de un vacío que no es mio.
Mis pensamientos se repiten incontables veces, laten con intensidad propia, pero yo solo puedo escuchar el silencio en el que he decidido quedarme esta vez. Puedo oler y sentir mis lagrimas, pero no se porque fluyen con tanta libertad sobre mi rostro. Nadie más que este papel puede entender en donde estoy parada. Nadie más que este papel, puede llegar hoy hasta la profundidad de lo que pienso pensar. Somos en fin, el papel y yo consumiéndonos en infiernos conocidos. Es mi humanidad la que está a punto de caer, o quizá sea por mi humanidad que estoy aquí tendida, una vez más sobre el frío piso de cemento. Y ya no se trata de lo que debería o querría decir, a veces, solo nos queda el silencio.



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