Los días van pasando y algo de mi se va quedando en algún recoveco olvidado. Hay personas que están partiendo y yo sé que deben hacerlo, pues no tienen ninguna razón para quedarse. Hay personas que no volverán y eso también lo se (lo definitivo de las partidas). Y yo sé que no quiero quedarme, lo que no sé es si quiero marcharme.
Este lugar es como una historia que comienza ya sabiendo su final. Las personas se reciclan. No vemos nuevos horizontes. Solo un casette que se repite y que envejece con los años. Una rueda que gira y que no espera por la vuelta. Un cajón lleno de buenos recuerdos, de libros prestados, de abrazos pendientes, de ilusiones y desilusiones, de tu mirada y la mía a orillas del río, de todo lo que quisimos ser y no pudimos. Una brújula que se olvido de marcar el norte. Una luz que se apaga. Una infancia que ha muerto y que ha regalado todo lo que que podía regalar. Un puente de donde hay que saltar. Un techo al que hay que volver.

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