domingo, 7 de abril de 2013

Como dijo Lennon, imagina.

Estoy acá, en la densidad de esta noche cruda. Con una copa rota brindo por las lágrimas teñidas de negro que fuí dejando a tras, en alguna puerta, en algún camino. Los minutos pasan y puedo sentir como se  excitan al ir saboreando el despertar de la madrugada, la llegada de la mas profunda oscuridad y así con ellos me voy, juego con esa mujer que soy  y con la otra que debería, también miro asombrada a la que asoma y espero tranquila a todas las que faltan venir. El reloj dice que son las doce menos cuarto, pero yo prefiero imaginar que el tiempo hoy no es mi lamento, que el tiempo solo pasa a mis espaldas soplándome y congelándome solo un poco el alma, solo un poco esta vez. Cierro los ojos y me encuentro en aquel lugar de montañas pintadas, acomodo mis pies en el río, suelto mi pelo y dejo que lo abrace el viento, dejo que lo bese y que lo libere y con él, me libero yo, me dibujo entre esa quebrada llena de colores, me invento en cada espina de cada cardón, me vuelvo yo solo con poder sentir esos ladridos lejanos que vienen contentos bajando por esas calles de tierra tan empinadas que exigen a los pulmones el esfuerzo más grande, ese esfuerzo que se siente como una  lucha, ese esfuerzo que cuando se acaba y que cuando encuentra la cima, te deja totalmente lleno de vida. Todavía saboreando ese cuento mágico que mi recuerdo me brinda, le agradezco a mi imaginación ese instante místico que me acaba de regalar, respiro profundo y toco por última vez las maderas de ese puente tilcareño, entonces abro los ojos y estoy en mi cama, en mi cuarto, casi lista para apagar los sentidos y para despertar en otro día, en otra historia. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario