Me dijeron los psicólogos, los dioses, las runas,
las cartas del tarot, entre otros, que tengo que encontrarme. Encontrar la
mujer que vive en mi.
Frase trillada que mi cabeza adoptó para
desvanecerse en las malicias del pensamiento moderno. Cuando escucho esto,
asiento con la cabeza, miento con mis ojos, como si entendiera lo que me están
diciendo y lo que tengo que hacer . Pero la realidad y lo que escupe mi
corazón, solo son dudas, preguntas incontestables, acerca de esa “Mujer”,
acerca de “la mujer”.
¿Qué es ser mujer? Se supone, o mejor dicho, el
mundo social supone, que una nace con ese innato conocimiento. Pero nada mas
alejado de lo que sucede en verdad: Una nace y le imponen un pensamiento, una
imagen, una idea global, general y exquisita de cómo debe ser una mujer.
En pocas palabras, la tele, la escuela, la familia,
las revistas, nos hacen pensar en como debemos ser y no en como somos o como
queremos ser. Afuera quedan los instintos naturales, nada de espontaneidad,
nada de sentirse y luego imaginarse existiendo.
De niñas nos regalan “Barbies”, con peinados
perfectos, rubios brillantes y medidas falsas, nulas o inexistentes. Ninguna
mujer podría sostenerse en pie con una cintura minúscula y un busto enorme y
firme. Sería, básicamente, humanamente imposible. Pero la industria vende
y no importa como las pibas crezcan. No
importa que así surjan anhelos vacíos, de casas de ensueño, cuerpos perfectos y
maridos excepcionales. No importa que crezca el índice de anorexias y bulimias
a nivel mundial. No importa porque el mercado se mantiene y el consumismo
sigue.
No nos olvidemos de esos relatos ancestrales, que el
entrañable Walt Disney se encargó de llevar a la pantalla grande. Cenicienta,
Blanca Nieves, Aurora. La primera generación de princesas. Esas mujeres pobres,
desvalidas, sumisas, que esperaban en torres y bosques inhóspitos, la salvación
a manos del príncipe azul, tan audaz, tan varonil, tan ficticio.
Que niña no quiso alguna vez ser como ellas.
Conseguir por arte de magia castillos dorados, vestidos de ensueños y novios inalcanzable-mente románticos. A esas niñas no les contaron, que los castillos
ya no existen y que los que existen son la muestra viviente y casi intacta del
poderío de las clases altas sobre las más pobres. No les contaron que las mujeres
eran tratadas como trofeos mudos de uniones familiares y políticas, vínculos,
discutidos y aprobados según conveniencias económicas y de estatus social. No
les contaron que las mujeres no decidían con quien pasar el resto de su puta
vida, que la mayor parte de los príncipes azules, no solo no eran
extremadamente románticos, sino que muchas veces, ni las deseaban, ni las
querían, solo las tenían ahí, para mostrar a los demás y para crear herederos.
No, todo eso, no nos lo contaron.
Nos hicieron sumisas, nos quisieron sumisas, nos
dijeron que teníamos que esperar la salvación de ese príncipe encantador. Pero
no nos contaron que nadie se salva si no quiere ser salvado y no nos dijeron
que los príncipes azules, se vuelven humanos, con miedos y pesares mundanos.
Nos hicieron querer hombres que no existen y nos enfrentaron con ellos y con
nosotras mismas, en una guerra de sexos milenaria.
Asi crecimos, con la cocinita de juguete, el
maquillaje de mentira y los tacones de plástico, tan famosos en las vidrieras
de las jugueterías de los años 90.
Nadie nos contó, que nos podía gustar jugar a la
“bolita”, a la pelota, coleccionar figuritas, jugar en la tierra, tiradas en el
piso con pollera y las patas abiertas, ensuciando las puntillas blancas y
perdiendo las binchas y los aritos. Abajo del arbolito de navidad, todo era
color rosa. Entonces la nena que descubre que tiene habilidad para el deporte,
la nena que prefiere jugar con sus primos, hermanos varones o amigos, a la
mancha, a la escondida, al futbol, se estigmatiza. Se llenan los consultorios
psicológicos, porque la nena no quiere bailar, porque la nena no quiere cantar
o actuar en el colegio con sus compañeras. Se crean diagnósticos inventados,
trastornos de conducta, retraimiento social, entre otros. Si no se llenan los consultorios, se arman
debates en la mesa familiar, si no se arma el debate, se burlan de ella en la
escuela y si no se burlan de ella en la escuela, ella internamente siente que
algo esta mal, porque algo o alguien se lo van a hacer sentir. Y así no solo se
logra que esa niña comience a detestar su latente femineidad, sino que entienda
que solo se es mujer llevando polleras y manteniendo conductas finamente
educadas.
Asi se hizo una generación de personas, de mujeres,
inseguras, que entienden a la femineidad desde la imagen que nos venden. No nos
contaron de Frida, no nos contaron de Juana, no nos contaron de Evita, no nos
contaron de Ana. No nos dijeron nada.
Tampoco nos hablaron de nuestro cuerpo, del sexo. No
porque las señoritas no hablan ni saben de esas cosas, los hombres son los
pervertidos que saben y que tampoco por caballerosidad nos deben decir. Tabú, tabúes
por todos lados, que nos hicieron esclavos.
No nos contaron de nuestro cuerpo, tan cambiante y
distinto cada día. No nos prepararon con tiempo ni en la escuela, y muchas
veces tampoco en casa, para el hecho de afrontar que íbamos a sangrar al menos
4 dias al mes. No, esas cosas no se hablan en las aulas, o por lo menos no se
hacía. No nos contaron, nuestras mujeres mayores, porque a ellas tampoco se lo
contaron, de nuestra natural tolerancia al dolor físico, no nos dijeron que
eramos fuertes, que podíamos soportar un parto, que podíamos convivir con ese
sangrado natural toda nuestra vida y que debido a eso, íbamos a tener mayor
margen de tolerancia al dolor. No nos dijeron que podíamos ser fuertes.
No nos dijeron que nuestro cuerpo sirve para algo
más que para alojar por 9 meses a un niño, no nos contaron que íbamos a crecer
y que podíamos querer algo mas que un hijo.
Nos dijeron que teníamos que aprender a caminar
bien, a hablar bien, , a estar perfectamente perfectas, para que los hombres
nos miren, nos elijan y nos saquen de casa. Nos pusieron en vidriera y nos
enseñarnos a vendernos.
No nos contaron que las mujeres también desean,
también elijen. No nos dijeron que los hombres también se cansan de seguir los
discursos sociales, y tener que siempre conquistar a la distante princesa.
No nos contaron que nos iba a gustar coger, que no
esta bueno llegar virgen al matrimonio, que es mas divertido ser una puta en la
cama y que el amor, es más que la suma de años compartidos y que suele
terminarse y renovarse por etapas y por personas. No nos dijeron que era
probable que descubriéramos que no solo podía gustarnos, calentarnos, excitarnos
una sola persona, sino que nos iban a gustar muchas y que íbamos a desear a mas
de una a la vez. No, a eso lo condenaron y nos quisieron hacer creer que una
señorita no siente estas cosas. Nos quisieron hacer creer, que tenemos que ser
únicas, irrepetibles, que tenemos que tener novio o marido, jamás amantes de
esos que te hacen sentir viva y después se van, libres como vinieron. No nos
contaron que el amor existe, y que es libre, que se puede amar con fuerza y no
por eso, tener la necesidad de ser fieles para toda la vida. No nos dijeron que
el concepto de fidelidad, es un invento social para mantener el orden en las
civilizaciones modernas y servir así a la industria de la iglesia y del estado.
No nos contaron que teníamos la capacidad de elegir
que queremos y como lo queremos. No nos contaron que no solo íbamos a ser
buenas en las tareas del hogar, en los conceptos de la moda, o en la industria
de la imagen. No nos dijeron que podíamos ser buenas en ciencias, política,
arte y demás.
Al contrario, nos criaron para estar en casa. Nos
dijeron que una señorita no contesta, no grita, no putea, no se defiende. Nos
hicieron mudas e impotentes. Y ahora nos queman, nos violan, nos matan y ahí
marchamos…Pero en el fondo seguimos acondicionadas a ese pensamiento obsoleto,
siendo “Mujeres autónomas y libres” en facebook o instagram, pero seguimos
siendo crueles con nosotras mismas y las demás. Competimos, juzgamos a la
“puta” porque coge y la pasa bien, no nos escuchamos y pretendemos hombres que
nos traten como si fuésemos de cristal, y después nos aburrimos, pero no lo
aceptamos y el hombre se aburre y se va con la
“puta”, lo odiamos, porque obvio no somos únicas.
Nos deprimimos porque no entramos en ese jean que
solo le queda al maniquí. Nos deprimimos porque no cumplimos con todos esos
conceptos sociales, falsos e inalcanzables.
Esto no es un manifiesto feminista ni antimachista.
Es un llamado a mi mujer, a la que se esconde detrás de todas estas barreras y
que quiere nacer. Es un llamado a la mujer de todas nosotras. Es una súplica
reflexiva a todas esas mujeres hoy dormidas y encerradas. Es un llamado para
que tengamos miedo, pero nos animemos a descubrirnos. Es un llamado que nos
pide que nos amiguemos. Es un llamado que nos pide que nos sinceremos, que nos
peleemos con nosotras mismas, y no con las demás. Que nos pide que dejemos de
anhelar y empecemos a crear, a crearnos y a recrearnos con fuerza, con pasión.
Es un llamado para que rompamos esas cadenas que hace años nos tienen
apresadas.
Desde esa mujer que estoy buscando, voy a empezar a
desearme libre. Atrevida en mis pensamientos y deseos. Voy a aceptarme humana e
imperfecta. Voy a quererme en la imagen que me devuelve el espejo. Voy a
inventarme en lo que está por venir. Voy amar, no importa a quien, voy a sufrir
y a sufrirme, también voy a revivirme. Voy a escupir y vomitar, voy a seguir puteando.
No voy a renegar mas de mi sensibilidad, voy a conocerme y voy a dejar que me
conozcas. Voy a dejar de tenerme miedo.
O al menos lo voy a intentar, siendo cada dia mas consciente de estas falsas estructuras inventadas, que me quieren esclava.
