sábado, 15 de octubre de 2016

Viento.

A veces, cuando el sol hace un retrato de los días y el viento aparece tímido en las mañanas, solo puedo imaginarte sonriendo. 
Es difícil aprender a amar en la distancia, y para eso sabes que eres mi mejor maestro. 
Las palabras no suelen ser justas con el amor ¿ como describir todo lo que sale de mi pecho cuando te pienso? Cuando te presiento. 
Estoy intentando llegar hasta donde estés y es ahí donde no nos siento tan lejos. Es ahi donde sé que no hace falta ningún esfuerzo. Solo me basta con ver tu rostro en mi recuerdo y vibrar juntos, en ese rincón de la memoria que solo nosotros conocemos. 
Nos volveremos a ver y nos volveremos a armar en historias que aún no conocemos. Nos tendremos que inventar nuevos juegos, nuevas canciones, simple movimiento. Nos acordaremos de quienes fuimos, seremos otros y los mismos en este tiempo. 
Hasta que nos volvamos a encontrar, estaré creando   cuentos donde siempre serás mi protagonista preferido, donde siempre serás libre, donde la felicidad jamás se aleje y donde vos elijas que papel tomar en esta vida, en esta tu vida. 
Te espero siempre.
Te amo siempre. 
















domingo, 10 de julio de 2016

Y si no es así, que sea nada.

Las cosas son tan simples amor.
No des vuelta el mazo,
no mezcles tanto,
al final,
jugaremos las cartas que nos regale el azar.
El tiempo se agota en cada respiro
no lo detengas en dudas, no lo gastes en miedo.

Te pido que no me lleves a eso
elijo no vivirnos así
nos quiero libres de nuestros pensamientos dementes.
o quiero que seamos dementes sin mente.
Nos quiero de muchas maneras,
pero no nos quiero en remolinos
nos quiero enfrentados,
con los ojos abiertos, con el corazon en la mano
Y si no me quieres así, no me quieras nada.

lunes, 13 de junio de 2016

¿La mujer? que mierda es eso?

Me dijeron los psicólogos, los dioses, las runas, las cartas del tarot, entre otros, que tengo que encontrarme. Encontrar la mujer que vive en mi.
Frase trillada que mi cabeza adoptó para desvanecerse en las malicias del pensamiento moderno. Cuando escucho esto, asiento con la cabeza, miento con mis ojos, como si entendiera lo que me están diciendo y lo que tengo que hacer . Pero la realidad y lo que escupe mi corazón, solo son dudas, preguntas incontestables, acerca de esa “Mujer”, acerca de “la mujer”.
¿Qué es ser mujer? Se supone, o mejor dicho, el mundo social supone, que una nace con ese innato conocimiento. Pero nada mas alejado de lo que sucede en verdad: Una nace y le imponen un pensamiento, una imagen, una idea global, general y exquisita de cómo debe ser una mujer.
En pocas palabras, la tele, la escuela, la familia, las revistas, nos hacen pensar en como debemos ser y no en como somos o como queremos ser. Afuera quedan los instintos naturales, nada de espontaneidad, nada de sentirse y luego imaginarse existiendo.
De niñas nos regalan “Barbies”, con peinados perfectos, rubios brillantes y medidas falsas, nulas o inexistentes. Ninguna mujer podría sostenerse en pie con una cintura minúscula y un busto enorme y firme. Sería, básicamente, humanamente imposible. Pero la industria vende y  no importa como las pibas crezcan. No importa que así surjan anhelos vacíos, de casas de ensueño, cuerpos perfectos y maridos excepcionales. No importa que crezca el índice de anorexias y bulimias a nivel mundial. No importa porque el mercado se mantiene y el consumismo sigue.
No nos olvidemos de esos relatos ancestrales, que el entrañable Walt Disney se encargó de llevar a la pantalla grande. Cenicienta, Blanca Nieves, Aurora. La primera generación de princesas. Esas mujeres pobres, desvalidas, sumisas, que esperaban en torres y bosques inhóspitos, la salvación a manos del príncipe azul, tan audaz, tan varonil, tan ficticio.
Que niña no quiso alguna vez ser como ellas. Conseguir por arte de magia castillos dorados, vestidos de ensueños y novios inalcanzable-mente románticos. A esas niñas no les contaron, que los castillos ya no existen y que los que  existen son la muestra viviente y casi intacta del poderío de las clases altas sobre las más pobres. No les contaron que las mujeres eran tratadas como trofeos mudos de uniones familiares y políticas, vínculos, discutidos y aprobados según conveniencias económicas y de estatus social. No les contaron que las mujeres no decidían con quien pasar el resto de su puta vida, que la mayor parte de los príncipes azules, no solo no eran extremadamente románticos, sino que muchas veces, ni las deseaban, ni las querían, solo las tenían ahí, para mostrar a los demás y para crear herederos. No, todo eso, no  nos lo contaron.
Nos hicieron sumisas, nos quisieron sumisas, nos dijeron que teníamos que esperar la salvación de ese príncipe encantador. Pero no nos contaron que nadie se salva si no quiere ser salvado y no nos dijeron que los príncipes azules, se vuelven humanos, con miedos y pesares mundanos. Nos hicieron querer hombres que no existen y nos enfrentaron con ellos y con nosotras mismas, en una guerra de sexos milenaria.
Asi crecimos, con la cocinita de juguete, el maquillaje de mentira y los tacones de plástico, tan famosos en las vidrieras de las jugueterías de los años 90.
Nadie nos contó, que nos podía gustar jugar a la “bolita”, a la pelota, coleccionar figuritas, jugar en la tierra, tiradas en el piso con pollera y las patas abiertas, ensuciando las puntillas blancas y perdiendo las binchas y los aritos. Abajo del arbolito de navidad, todo era color rosa. Entonces la nena que descubre que tiene habilidad para el deporte, la nena que prefiere jugar con sus primos, hermanos varones o amigos, a la mancha, a la escondida, al futbol, se estigmatiza. Se llenan los consultorios psicológicos, porque la nena no quiere bailar, porque la nena no quiere cantar o actuar en el colegio con sus compañeras. Se crean diagnósticos inventados, trastornos de conducta, retraimiento social, entre otros.  Si no se llenan los consultorios, se arman debates en la mesa familiar, si no se arma el debate, se burlan de ella en la escuela y si no se burlan de ella en la escuela, ella internamente siente que algo esta mal, porque algo o alguien se lo van a hacer sentir. Y así no solo se logra que esa niña comience a detestar su latente femineidad, sino que entienda que solo se es mujer llevando polleras y manteniendo conductas finamente educadas.
Asi se hizo una generación de personas, de mujeres, inseguras, que entienden a la femineidad desde la imagen que nos venden. No nos contaron de Frida, no nos contaron de Juana, no nos contaron de Evita, no nos contaron de Ana. No nos dijeron nada.
Tampoco nos hablaron de nuestro cuerpo, del sexo. No porque las señoritas no hablan ni saben de esas cosas, los hombres son los pervertidos que saben y que tampoco por caballerosidad nos deben decir. Tabú, tabúes por todos lados, que nos hicieron esclavos.
No nos contaron de nuestro cuerpo, tan cambiante y distinto cada día. No nos prepararon con tiempo ni en la escuela, y muchas veces tampoco en casa, para el hecho de afrontar que íbamos a sangrar al menos 4 dias al mes. No, esas cosas no se hablan en las aulas, o por lo menos no se hacía. No nos contaron, nuestras mujeres mayores, porque a ellas tampoco se lo contaron, de nuestra natural tolerancia al dolor físico, no nos dijeron que eramos fuertes, que podíamos soportar un parto, que podíamos convivir con ese sangrado natural toda nuestra vida y que debido a eso, íbamos a tener mayor margen de tolerancia al dolor. No nos dijeron que podíamos ser fuertes.
No nos dijeron que nuestro cuerpo sirve para algo más que para alojar por 9 meses a un niño, no nos contaron que íbamos a crecer y que podíamos querer algo mas que un hijo.
Nos dijeron que teníamos que aprender a caminar bien, a hablar bien, , a estar perfectamente perfectas, para que los hombres nos miren, nos elijan y nos saquen de casa. Nos pusieron en vidriera y nos enseñarnos a vendernos.
No nos contaron que las mujeres también desean, también elijen. No nos dijeron que los hombres también se cansan de seguir los discursos sociales, y tener que siempre conquistar a la distante princesa.
No nos contaron que nos iba a gustar coger, que no esta bueno llegar virgen al matrimonio, que es mas divertido ser una puta en la cama y que el amor, es más que la suma de años compartidos y que suele terminarse y renovarse por etapas y por personas. No nos dijeron que era probable que descubriéramos que no solo podía gustarnos, calentarnos, excitarnos una sola persona, sino que nos iban a gustar muchas y que íbamos a desear a mas de una a la vez. No, a eso lo condenaron y nos quisieron hacer creer que una señorita no siente estas cosas. Nos quisieron hacer creer, que tenemos que ser únicas, irrepetibles, que tenemos que tener novio o marido, jamás amantes de esos que te hacen sentir viva y después se van, libres como vinieron. No nos contaron que el amor existe, y que es libre, que se puede amar con fuerza y no por eso, tener la necesidad de ser fieles para toda la vida. No nos dijeron que el concepto de fidelidad, es un invento social para mantener el orden en las civilizaciones modernas y servir así a la industria de la iglesia y del estado.
No nos contaron que teníamos la capacidad de elegir que queremos y como lo queremos. No nos contaron que no solo íbamos a ser buenas en las tareas del hogar, en los conceptos de la moda, o en la industria de la imagen. No nos dijeron que podíamos ser buenas en ciencias, política, arte y demás.
Al contrario, nos criaron para estar en casa. Nos dijeron que una señorita no contesta, no grita, no putea, no se defiende. Nos hicieron mudas e impotentes. Y ahora nos queman, nos violan, nos matan y ahí marchamos…Pero en el fondo seguimos acondicionadas a ese pensamiento obsoleto, siendo “Mujeres autónomas y libres” en facebook o instagram, pero seguimos siendo crueles con nosotras mismas y las demás. Competimos, juzgamos a la “puta” porque coge y la pasa bien, no nos escuchamos y pretendemos hombres que nos traten como si fuésemos de cristal, y después nos aburrimos, pero no lo aceptamos y el hombre se aburre y se va con la  “puta”, lo odiamos, porque obvio no somos únicas.
Nos deprimimos porque no entramos en ese jean que solo le queda al maniquí. Nos deprimimos porque no cumplimos con todos esos conceptos sociales, falsos e inalcanzables.
Esto no es un manifiesto feminista ni antimachista. Es un llamado a mi mujer, a la que se esconde detrás de todas estas barreras y que quiere nacer. Es un llamado a la mujer de todas nosotras. Es una súplica reflexiva a todas esas mujeres hoy dormidas y encerradas. Es un llamado para que tengamos miedo, pero nos animemos a descubrirnos. Es un llamado que nos pide que nos amiguemos. Es un llamado que nos pide que nos sinceremos, que nos peleemos con nosotras mismas, y no con las demás. Que nos pide que dejemos de anhelar y empecemos a crear, a crearnos y a recrearnos con fuerza, con pasión. Es un llamado para que rompamos esas cadenas que hace años nos tienen apresadas.

Desde esa mujer que estoy buscando, voy a empezar a desearme libre. Atrevida en mis pensamientos y deseos. Voy a aceptarme humana e imperfecta. Voy a quererme en la imagen que me devuelve el espejo. Voy a inventarme en lo que está por venir. Voy amar, no importa a quien, voy a sufrir y a sufrirme, también voy a revivirme. Voy a escupir y vomitar, voy a seguir puteando. No voy a renegar mas de mi sensibilidad, voy a conocerme y voy a dejar que me conozcas. Voy a dejar de tenerme miedo. 
O al menos lo voy a intentar, siendo cada dia mas consciente de estas falsas estructuras inventadas, que me quieren esclava. 

domingo, 10 de abril de 2016

Hermanos

Las mismas calles nos vieron crecer y nos hicieron diferentes, Menos mal.
Aprendimos a encontrarnos en acordes enfrentados. Pasiones desiguales nos hicieron hermanos.
Pudimos curar heridas en silencio, en ríos devastados, en muelles olvidados. No pusimos palabras cuando no había.
Crecimos a fuerza de necesidades voraces de salir del tedio, del tedio del "todo es igual".
Jugamos a que nos íbamos, hasta que nos fuimos. Nos fuimos por caminos separados, pero nunca estuvimos mas juntos. Nos fuimos a encontrarnos. Me ensañaste en la distancia, te mantuve en esos muelles por muchos tiempo. Siempre en el mismo lugar.
Y pudimos. Y nos quedamos solos. Y lo hicimos a costa del olvido, a costa del miedo, a costa de dejar de ser lo que eramos, para volver a nacer. Nos encontramos y nos disfrutamos como nunca, como nadie. Lo logramos solos, pero juntos en la distancia.
La vida nos dió la posibilidad de elegir como ser y con quien ser.  Nos elegimos hermanos, para bien y para mal. Locura desatada, paciencia infinita. El impulso de la confrontación y la mirada tranquila de quien sabe que todo llega. La necesidad de escupir palabras y la tranquilidad del silencio. Diferentes, pero  iguales. Sanamos por la confluencia de nuestros defectos y de nuestras virtudes.
Hermanos antes y después. Hermanos ahora y para siempre.