lunes, 3 de agosto de 2015

MADRE.

Sin darnos cuenta ahí estábamos. Sin pensar, sin planear. Almas en un encuentro íntimo. Era lo que tenía que ser, simplemente eso.
Nada parecidos, mentes oriundas de mundos distintos.
Mientras el viento nos daba ventaja y la noche se hacía más oscura, nos preparábamos para agradecer.
Sí, para dar las gracias a la madre tierra, quien tanto nos da y a quien tanto lastimamos diariamente con nuestro egoísmo mundano.
Desde mis ojos recién nacidos en estos paisajes, sentía profunda alegría de participar con estos hermanos que la vida me dio, en algo tan simple como abandonar el propio ombligo y brindar, a la madre y a nosotros mismos.
Y en esa simplicidad, nos encontramos. Nos encontramos con ella y con nosotros. Sin palabras, sin miedos, sin esas preocupaciones cotidianas que nublan el sentimiento tantas veces.
En ese silencio aprendimos a dar. A dar con amor, con las manos. No hizo falta decir para entender. No hizo falta conjeturar, no hizo falta nada, nada más que ese compromiso sincero, con el núcleo de todo lo que somos.
Y así entre silencios y sonrisas cómplices, cada uno se fue entregando en ese circulo de energías compartidas.
Cuando todo terminó, quedaron los abrazos, las miradas que no necesitan explicación, el agradecimiento, la comunión.
Cuando todo terminó, quedó lo que tenía que quedar. Amor y vida, eso que a fin de cuentas es lo que siempre buscamos, sin darnos cuenta que siempre lo encontramos, en nuevas formas y a veces en formas que no esperamos.




domingo, 2 de agosto de 2015

Estrella.

En lo alto te vi brillar, perturbando, casi humillando la negra espesura de los cielos.
Volveré a buscarte cada noche, pensando en tu recuerdo.
¿ cuanto durara este momento? Inútil pregunta de vidas pasadas, respuestas que cuantifican lo que no se debería contar en este tiempo.
En el vestíbulo  de la sorpresa nos encontramos, y no quiero volverlo cotidiano.
me olvide de mi, buscando certezas en dudas ajenas. Por eso ahora, me dejo contigo, allá en lo alto, allá en lo extraño.